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De hecho, cuando se envía un SMS el consumidor se expresa en un tipo de registro totalmente distinto en el que sencillamente no caben las imágenes. Cuando empleamos una imagen expresiva / divertida / personal en un MMS, todavía existe más motivo para comentarla utilizando palabras. Eso significa que una imagen, de repente, equivale a una pérdida de palabras, al contrario de lo que postula el mencionado proverbio.
El mensaje textual del SMS es perfecto para cambiar o cancelar una reunión, para hacer ver a los tuyos que te acuerdas de ellos o para simplemente chatear. Todo esto no es posible utilizando imágenes, o por lo menos, para muchos es difícil conseguir el mismo efecto.
Puede resultar sencillo encontrar un nuevo uso para los MMS. Los operadores de telefonía y los promotores de este servicio buscan de forma incesante nuevas áreas de aplicación, y la introducción del MMS tiene un gran potencial. Sin embargo, no funciona como producto de consumo único. De todos modos, si se combina con otro tipo de comunicaciones, puede resultar incluso más rentable que el sistema SMS. Por ejemplo, resultará mucho más sencillo colgar imágenes en determinadas páginas de Internet, será mucho más divertido participar en concursos de televisión interactivos y votaciones (y qué decir de los nuevos concursos creativos tanto en televisión como en la Red).
En esos casos, los mensajes MMS resultarán más útiles y los consumidores no se mostrarán tan reticentes a desembolsar 6 euros, ya que obtendrán más resultado por su dinero que con sólo enviar una imagen. Además, el receptor del mensaje no tendrá por qué tener un aparato similar, ya que el móvil se convierte en un objeto distinto: ahora tiene muchísimos más usos que sólo enviar mensajes.
Mi predicción es que pronto percibiremos como móvil lo que hace tiempo se nos vende como PDA. Con las nuevas especificaciones DBV-X y las mejoras en las técnicas de compresión, sólo nos hacen falta pantallas más grandes (y quizás un buen par de auriculares). A precios razonables, por supuesto.
Fuente: Baquia -
12/09/2003
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