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Las operadoras españolas, Telefónica Móviles, Vodafone y Amena, conocen la dificultad de incrementar en la actualidad el número de abonados y ahora se concentran en arañar cuota de mercado y -quizá lo más importante- rentabilizar estos usuarios, o dicho de otro modo, aumentar su consumo medio.
Las posibilidades del GSM se están exprimiendo al máximo con los servicios de voz y transmisión de datos (SMS, logos y melodías).
La baja velocidad de conexión a Internet y la escasez de servicios han mermado la que debería haber sido la primera explosión de la red móvil mediante el protocolo WAP (Wireless Applications Protocol).
A pesar de las limitaciones, las operadoras han hallado un auténtico filón en los mensajes cortos o SMS para sostener su crecimiento. Los números hablan: los servicios de datos han supuesto un 14,6 % de la facturación total de Telefónica Móviles en el primer semestre del año, un 3,2% más que en el año anterior. Según el informe anual de la CMT, uno de cada diez euros consumidos durante el 2001 provenía de los mensajes cortos. Telefónica Móviles cree incluso que de aquí al año 2005 estos servicios podrían representar el 25 o el 30% de su facturación.
Para que realmente cobren más importancia los servicios de datos se necesitan nuevas y atractivas fórmulas más allá de los 160 caracteres del SMS.
Y en esta esperada revolución toda confianza estaba despositada en el UMTS, la tercera generación de telefonía móvil.
UMTS, año 2000: la nueva fiebre del oro
El UMTS tenía que permitira a estas alturas, y a grandes rasgos, la conexión móvil y permanente al Internet de gran velocidad; la interacción y la transmisión de todo tipo de datos: textos, fotos, sonido, gráficos, vídeos, etc.
¿Por qué una tecnología que podría revolucionar el entretenimiento, el trabajo e incluso la forma de entender Internet ha tenido y tendrá tantos problemas para despegar? Las razones son muchas y de todo tipo (económicas, tecnológicas y sociales...)y hab acabado por poner en la cuerda floja su futuro inmediato.
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