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UMTS, la revolución en letargo |
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Ha llegado el año 2002 y el UMTS es un espejismo en España. Las operadoras sólo han logrado establecer redes experimentales. Lejos de implantarse en el mercado y con unos altos costes de desarrollo, el UMTS está en la cuerda floja.
La tecnología UMTS (Universal Mobile Telecommunications System) parecía hace tan sólo un par de años la panacea del Internet móvil y el propulsor europeo en la sociedad de la información frente a la todopoderosa Estados Unidos. Acompañada de fuertes inversiones, que ahora lastran a las operadoras de telecomunicaciones europeas, el UMTS languidece en las cuentas de las grandes compañías de telecomunicaciones y en los debates políticos y mediáticos antes de haber sido ni siquiera una realidad comercial.
¿Sobrevivirá el UMTS a todos los embistes? El nuevo ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, lo tiene claro: “La telefonía móvil de tercer generación es algo irreversible, aunque nos hayamos equivocado en las previsiones temporales”, comentó recientemente.
El UMTS es el relevo tecnológico de la telefonía digital móvil de segunda generación, el GSM (Global System for Mobiles), la que sustituyó a mediados de los noventa a la primera generación analógica, que todavía se recuerda por la marca comercial MoviLine.
Ha sido gracias al teléfono GSM que la mayor parte de la población se ha iniciado en las nuevas tecnologías. De hecho, ocho de cada diez españoles lo utilizan, según datos de la CMT (Comisión del Mercado de Telecomunicaciones).
El pasado año se alcanzaron los 30 millones de abonados, una cifra que a mediados de este agosto se acercaba a los 31 millones. Con una tasa de penetración del 79% de la población, la telefonía móvil está cerca de tocar su techo de usuarios.
Pero todavía son muchas sus posibilidades, tantas como la tecnología alcance con la tan comentada tercera ola de terminales.
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